Como algunos se habrán enterado existe en México y USA un brote de una gripe con un nuevo virus con potencial de extenderse a todo el mundo, y nosotros no estamos lejos de ambos.
El asunto es que podría ser que dentro de poco haya casos en nuestro país. Y aunque sabemos que nuestro destino final lo decide Dios, Él nos manda a ser prudentes para vivir y cuidarnos también. Por esto también quisiera compartir con ustedes. los siguientes puntos:
Los síntomas de esta infección no son diferentes de los de un catarro común al principio aunque la fiebre tiende a ser más alta, con dolor de ojos y en pocos días pueden aparecer complicaciones respiratorias graves.
Debe ponerse mucha atención si en nosotros o alguien conocido aparecen estos síntomas y hemos viajado recientemente (Abril 2009) EE.UU.(California, Texas o Nueva York) o México especialmente. Pero igual sabemos que en nuestra estancia en otro país o en los aeropuertos pudimos tener contacto con la infección.
Cómo preparación a una situación de mayor riesgo debemos comenzar desde ya a maximizar el hábito del lavado de manos, tratando de hacerlo en una forma efectiva y haciéndolo parte de nuestra rutina. ¿Cuántas veces? Sólo pensemos que la principal forma en que los virus respiratorios entran a nuestro cuerpo es porque nosotros los colocamos en nuestra boca, nariz u ojos con nuestras manos. Y que entre persona y persona el principal modo de contagio es mano a mano, o con contactos como los besos al saludar. Así que sería mejor que nos lavemos las manos frecuentemente y repensemos la costumbre del saludo de beso con los que no nos son cercanos.
Además el énfasis del hábito especialmente en los niños va a ser de un beneficio permanente, y no menos en los adultos y jóvenes.
Es prudente desde ahora y al saberse la presencia de casos sospechosos en el país, evitar las reuniones con aglomeraciones muy hacinadas, tal cómo conciertos, eventos deportivos en las cuales nos ponemos en estrecho contacto con un gran número de personas sin poder distinguir si hay personas con síntomas de la enfermedad. No me refiero a reuniones normales de iglesia o familiares, o al ambiente usual de trabajo sino a esas en que estamos hombro a hombro con muchas personas.
En caso de confirmarse la presencia de casos en el país y considerando lo cercano que es el contacto entre los escolares, convendría evaluar que los niños y adolescentes no asistan a clase mientras baja la crisis de la epidemia. Es posible que la iniciativa la tome inteligentemente el Gobierno o el centro escolar; pero los padres y parientes somos los primeros interesados y responsables de la salud de la familia y si es necesario debemos tomar la iniciativa. Y aunque parece que la enfermedad en niños y jóvenes no es mortal, ellos pueden ser los portadores de la infección a los de 20 a 50 años, que por el momento son los que más riesgo de muerte tienen.
En caso de epidemia declarada los que debamos circular en ambientes aglomerados podemos necesitar de mascarillas descartables, que cubran nariz y boca. Por lo que sería prudente tener algunas a la mano. Los anteojos especiales, parecidos a los que se usan para nadar, aumentan la protección en caso de epidemia declarada, no para lucirlos desde ya.
Hay dos asuntos que debo consultar antes de atreverme a recomendar algo al respecto. La primera es la utilidad de proveerse de antivirales (Tamiflu idealmente) y si la vacunación común contra la influenza es recomendable en esta coyuntura.
Así que les comunico esto para que se mantengan atentos y sean prudentes, no para quitarles el sueño o dejar de circular o de saludar a la gente. Den la mano y luego se las lavan, para bloquear un tanto la transmisión, con los enfermos hay que ser siempre solidarios los que podamos ayudar y para poder ayudar hay que mantenerse sano y vivo hasta donde dependa de nosotros. Que Dios nos ayude y todo esto se quede igual que lo del milenio y las latas o lo del huracán que Dios deshizo (en El Salvador): que las mascarillas nos sirvan nada más que para sacudir, para pintar o jugar con ellas. De todas maneras con que afirmáramos el hábito de lavarnos las manos habríamos ganado para toda la vida mejores oportunidades de buena salud.
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